29.08.2016 |
Laura B.
Sadako Sasaki: La leyenda de las Mil Grullas de Papel

El papel ha sido, desde siempre, parte esencial de la cultura japonesa. Sus múltiples propiedades lo hacen idóneo para multitud de usos, entre los cuales se encuentra el arte. Es bien conocido el arte milenario del Origami, que consiste en modelar figuras utilizando hojas hechas de un papel de fibra larga, el que más resiste las dobleces. Desde sus orígenes, el Origami ha ido adquiriendo gran variedad de significados, siendo la grulla la figura más representativa de esta tradición. Una figura que, además, encierra una extraordinaria leyenda.

Al igual que el papel, la grulla siempre ha tenido un rol importante en la cultura nipona, donde se la considera un símbolo de protección y portador de buena fortuna. De esta manera, la grulla de Origami siempre se ha asociado a la salud e, incluso, a la felicidad, siendo un regalo habitual en bodas o nacimientos. Pero, además, para los japoneses esta ave ha sido siempre un animal muy longevo, y en el antiguo Japón se llegó a pensar que podía vivir mil años. Una creencia que inspiró una antigua leyenda que llega hasta nuestros días: Senbazuru, las mil grullas de Origami.

Esta leyenda asegura que, aquel que sea capaz de modelar con sus propias manos mil grullas de Origami, recibirá la bendición de la grulla, alcanzando una larga vida o recuperándose de una grave enfermedad. En 1955, este mito se convirtió en un símbolo de paz y esperanza gracias a la historia de Sadako Sasaki, una pequeña niña que fue víctima de uno de los episodios más crueles y oscuros de la Historia de la Humanidad, el bombardeo de Hiroshima, cuyo aniversario tuvo lugar el pasado 6 de agosto.

Cuando la bomba ‘Little Boy’ estalló en Hiroshima, Sadako tenía tan solo dos años y se encontraba en su casa, situada a unos 1.700 metros del punto de impacto. Esa distancia le permitió sobrevivir al ataque, pero no la salvó de la radiación liberada en la explosión. Así, 10 años más tarde, a Sadako le fue diagnosticada, al igual que a muchos niños de su edad, una leucemia que se convirtió en un inmisericorde recordatorio de aquel 6 de agosto de 1945.

Mientras la pequeña se encontraba inmersa en el tratamiento, coincidió en la habitación del hospital con otra niña, quien le contó a Sadako la leyenda de Senbazuru y le enseñó a modelar grullas de Origami. La historia inspiró a Sadako, para quien las hojas de papel constituyeron una esperanza a la que se aferró con fuerza. De esta manera, comenzó a fabricar grullas de Origami con toda su fe puesta en un sueño de papel. Sin embargo, el cáncer que había desarrollado no permitió un final feliz, y Sadako Sasaki falleció el 25 de octubre de 1955.

Hay versiones que aseguran que Sadako consiguió su objetivo de modelar las mil grullas, mientras que otras afirman que tan solo pudo completar 644, siendo sus compañeros de clase y sus amigos los que recogieron su testigo para llegar a las mil. Lo que sí es cierto es que, gracias a su empeño, Sadako Sasaki se ha convertido en un símbolo de paz, esperanza y solidaridad que, junto con sus grullas de papel, trata de inspirar al mundo entero.

Tras su muerte, la ciudad de Hiroshima decidió rendirle homenaje, convirtiéndola en un símbolo eterno. En la cima del Monumento a la Paz de los Niños, presente en el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima, se encuentra la figura de Sadako Sasaki sosteniendo una de sus grullas. Una imagen que, 71 años después de la explosión de la bomba, sigue inspirando paz y esperanza a todos los que la contemplan a través de una inscripción en la que se lee: “Éste es nuestro grito, Ésta es nuestra plegaria: Paz en el mundo”.

Actualmente, las grullas de Sadako permanecen expuestas en el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima. Cada seis de agosto, durante el Día de la Paz, miles de grullas de papel elaboradas por niños japoneses cubren los monumentos y estatuas dedicados a Sadako Sasaki, realizando un llamamiento por la paz con la esperanza de evitar que se vuelva a vivir el horror que Hiroshima, y días más tarde Nagasaki, experimentaron en 1945.

El papel tiene muchos usos y utilidades. Sin embargo, es difícil imaginar una labor más trascendental que el constituirse en un símbolo y un recordatorio de que la solidaridad, la paz y la esperanza deben ser valores irrenunciables para el ser humano. Un mensaje que, permanentemente, nos llega desde Hiroshima en forma de grullas de Origami gracias a Sadako Sasaki.

                                                                                                                           

                                                                                                                                        

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